Desde
hace algunos años en nuestro país se viene hablando con fuerza de un tema poco
usual, pero que se ha convertido en la realidad de muchas familias colombianas.
El
suicidio es un fenómeno generalmente evidenciado en la población juvenil, no solo en Colombia,
sino del mundo en general. Según datos publicados en la página de La Organización Mundial de la
Salud (OMS), El año pasado se suicidaron 1.889 personas en Colombia.
Son 25 casos más de los ocurridos en el 2011, y la mayoría de quienes en el 2012
se quitaron la vida eran adolescentes y adultos jóvenes cuyas edades estaban
entre los 15 y los 34 años.
¿Pero
cuáles son las causas que hacen que estos jóvenes atenten en contra de su
vida?, ¿será, qué su posición social, económica o cultural influye en la toma
de esta mortal decisión?
En
un análisis realizado al capítulo I del libro de German Castro Caicedo, Que la
Muerte Espere, Encontramos la historia de Adriana una joven de 23 años, soltera
y desempleada, que tras diversos sucesos en su vida, su trágico final es el
suicidio. A través de una investigación exhaustiva el autor deja claro cuál fue
la causa principal del suicidio de Adriana y de la mayoría de jóvenes que como
ella llegan a esta fatal decisión.
Los
jóvenes en su gran mayoría sufren depresiones y constantes cambios de ánimo, en
algunas ocasiones suelen sentirse ignorados o incomprendidos por sus padres. La variante principal
es expresar que sus ideas no son tenidas en cuenta y que sus pensamientos y
forma de vida no se ajustan a la de la sociedad en general. Y es ahí cuando
empiezan la búsqueda de lo desconocido, el encuentro con el propio yo.
En
esa búsqueda de una identidad propia y rechazo a lo que entienden como sociedad,
se integran a cualquier grupo social, a cualquier “clan” que piense diferente o
que simplemente valla en contra de las reglas morales y religiosas que ellos
conocen, aun, sin saber de qué se trate y cuáles son los ritos o ceremonias que
estos practican, simplemente buscan algo que les dé sentido a su existencia,
algo que los haga sentirse diferentes o “especiales”. Es ahí donde muchas veces
recuren a las drogas y se hacen participe de las distintas tribus urbanas,
aunque algunos de estos grupos buscan un cambio en la sociedad por medios pacíficos,
otros por el contrario se van en contra de todas las leyes morales, religiosas
y culturales establecidas por la sociedad y los estados en general.
Estas
tribus urbanas van por el mundo reclutando jóvenes, sin importar su condición
social, cultural u orientación sexual, los inducen a alejarse de la sociedad y
los seducen para que adopten sus ritos, gustos musicales, formas de vestir y
adquieran ideologías erróneas de la concepción de la vida, y al final la
depresión y soledad los consume llevándolos a un trágico destino, la autodestrucción
de su personalidad y por ultimo causar su propia muerte.