lunes, 9 de diciembre de 2013

DERECHO A LA VIDA “UNA UTOPÍA COLOMBIANA”

La vida, está contemplada como el derecho más importante y fundamental en el ser humano. Es una virtud que poseen los individuos por el simple hecho de nacer y existir. Pero ¿qué es tener derecho a la vida?, Qué significado tendrá para la humanidad en general esta frase tan repetida en discursos políticos, religiosos, medios de comunicación e incluso, en la aulas de clase donde se forman los grandes profesionales del futuro.

El Doctor Rodolfo Figueroa García1 preocupado por satisfacer esta gran inquietud a la humanidad define el derecho a la vida en cinco concepciones.

“Si bien en la literatura nacional, en general, no es posible hallar un concepto o una definición explícita sobre el derecho a la vida, sí es posible encontrar en algunos autores algunas declaraciones que permiten reconstruir una noción sobre el derecho a la vida. Si a esas declaraciones que exhibe cierta literatura nacional sumamos algunos aportes de literatura extranjera, podemos identificar cinco concepciones sobre el derecho a la vida: 1) Una de ellas sostiene que el derecho a la vida consiste en el derecho a vivir, a permanecer con vida. 2) Otra sugiere que este derecho consiste en el derecho a vivir bien, o vivir con dignidad. 3) Una tercera propone entender que el derecho a la vida consiste en el derecho a recibir todo lo mínimamente necesario para no morir en lo inmediato. 4) Una cuarta concepción propone entender el derecho a la vida simplemente como el derecho a que no nos maten. Finalmente, 5) una quinta postura suscribe la idea de que este derecho consiste en que no nos maten arbitrariamente”.2
Luego de analizar la opinión del doctor Rodolfo Figueroa, se entiende que el derecho a la vida no es más, que esa conciencia que deben tener los seres humanos que ninguna persona está en la facultad de quitar la vida otra, bajo ninguna circunstancia. Dicho de otra manera este derecho consiste en que nos “maten arbitrariamente”.

El 10 de diciembre de 1948 en París, se hace público el documento que contiene la Declaración Universal de los Derechos Humanos y en el artículo tres va implícito, un parágrafo que hace referencia directamente a la vida. “Artículo 3: Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”. Como podemos observar, preservar la vida y la integridad de las personas es una preocupación no solo de los estados individuales, sino del planeta en general.


La vida, debe ser contemplada como un derecho inalienable, perdurable e irrenunciable, no sólo en términos del deber de las personas y la sociedad, sino que el estado debe garantizar y propiciar las condiciones de seguridad que eviten o contengan la violencia en términos de calidad de la misma, pues no sólo se atenta contra el derecho a la vida cuando se ataca o asesina a una persona, también hay vulneración cuando por acción o por omisión las personas a nivel individual o colectivo, la sociedad o el Estado, no garantizan los medios mínimos y las condiciones adecuadas para que ellos y los demás puedan llevar una vida digna.

Colombia, una república unitaria de América, situada en la región noroccidental de América del Sur y que carga sobre su territorio 47,7 millones de habitantes. País de contradicciones, un país en el que la pena de muerte se encuentra abolida dentro de su marco legal, “ARTICULO 11. Constitución Política de Colombia. El derecho a la vida es inviolable. No habrá pena de muerte.” pero en el que todos los días guerrillas, paramilitares, narcotraficantes, delincuencia común y, en ocasiones, personas vinculadas al Estado cometen diferentes formas de asesinato que van desde el homicidio fruto de un atraco o una riña callejera, pasando por las venganzas entre grupos delincuenciales, las masacres, las desapariciones forzadas, la mal llamada limpieza social y los asesinatos selectivos.

 Un país donde a diario los medios de comunicación hablan de la importancia de la vida, del valor excepcional  que debe representar para cada individuo este derecho fundamental de primer orden y además de acción inmediata, de hecho, está estipulado en la actual Carta Magna de la República. Sin embargo, cada día son más los colombianos vulnerados que ven ante sus ojos como se les arrebata ese gran deseo de vivir.

Son muchas las noticias que muestran como los grupos al margen de la ley, los delincuentes comunes y el mismo estado vulneran y atropellan este derecho que se supone es  responsabilidad de todos proteger.

A continuación, citaré algunos ejemplos que muestran claramente que el derecho a la vida en este país es solo una frase que retumba en la cabeza de sus habitantes, pero que solo muy pocos le dan el valor y la importancia que se merece.

“El 2 de mayo de 2002 sucedió una tragedia anunciada. A pesar de los múltiples llamados de auxilio que lanzaron la población y la Diócesis de Quibdó, los habitantes de Bellavista quedaron en medio de los combates que paramilitares y guerrilla sostenían por el poder del Atrato Medio.

Una pipeta lanzada por las FARC cayó en donde la comunidad se refugiaba de las balas. El saldo fue de 79 personas muertas, 48 de ellas eran niños. Otros civiles morirían en los días posteriores por sus heridas y por los combates, que continuaron”3

 Los grupos armados al margen de la ley, día a día cobran vidas de civiles inocentes que no tienen nada que ver con el conflicto por territorio, personas que sin tener un buen nivel de vida luchan por sobrevivir en un país donde estado no les provee las mejores condiciones de supervivencia, sumado a ello portan en su diario vivir la incertidumbre que en cualquier momento estos grupos alzados en armas los asesinen, para mostrar al estado hasta donde son capaces de llegar por hacer valer sus ideales de guerra.

“Organizaciones convocantes a la Acción Humanitaria en Tierra Alta – departamento de Córdoba, denuncia ante la comunidad nacional e internacional las acciones continuas de Hostigamiento, Amenaza, Intimidaciones y labores irregulares de Inteligencia contra la comunidad campesina asentada en el corregimiento El Crucito, convirtiéndose en actos de persecución del Ejercito Nacional a la Acción Humanitaria prevista para el 26 y 27 de abril.
 El 20 de abril, tropas de la Brigada Móvil No 24, adscritas a la Fuerza de Tarea Conjunta Nudo de Paramillo, de la VII División del Ejército Nacional, al mando del Sargento Viceprimero Gómez y el Cabo Monzón. Quienes se han acantonado dentro del caserío El Crucito, han estado tomando fotografías, registrando en video e intimidando a la comunidad campesina residente en el centro poblado y a integrantes del equipo de preparación de la Acción Humanitaria.

Hacemos responsable a la Línea de mando de la Brigada Móvil No 24 y de la Fuerza de Tarea Conjunta Nudo de Paramillo del Ejercito Nacional si ocurre algún atentado contra la vida e integridad personal de los integrantes de la comunidad campesina allí asentada o de alguna persona que se encuentre en las labores de preparación y organización de la Acción Humanitaria, por la sistemática violación de derechos humanos que ya hemos estado denunciando.

Dejamos claro el carácter civil y de ejercicio de derechos y de ciudadanía de la Acción Humanitaria, pese a los hostigamientos continuaremos con la realización de este acto. Presentaremos las denuncias respectivas contra los suboficiales responsables de los actos de intimidación y malos tratos referidos”.4

Aunque los Tratados Internacionales, la Constitución Política de Colombia y la Ley en general dedican una parte significativa de su contenido, de forma directa o indirecta, al tema de los derechos humanos y al deber que el Gobierno, el Estado y la sociedad tienen de velar en la protección y defensa de los mismos, la realidad muestra un panorama sombrío al respecto, ya que son frecuentes las violaciones a tales derechos, incluido el derecho a la vida, tanto por las partes involucradas dentro del conflicto político social y armado que actualmente vive el país  e, incluso, los propios agentes de seguridad del Estado, así como por los narcotraficantes y la delincuencia común. Todavía no se alcanza a entender cuál es la seguridad que brinda el estado a los habitantes del país, pues como pudimos ver en la denuncia anterior, la fuerza armada del estado quien supone debe velar y proteger los derechos del hombre y del ciudadano, abusan del poder que se les otorga, para hostigar, lastimar es incluso asesinar a personas inocentes que como lo he dicho anteriormente nada tienen que ver con esta lucha absurda de poder y territorio.

Mientras siguen los tratados de paz y estado busca la “tranquilidad y seguridad” de sus habitantes, los campesinos y ciudadanos en general seguimos expuestos a los actos inclementes de violencia de unos cuantos, que sin tener el más mínimo sentido de culpa nos matan arbitrariamente y acaban con sueños, metas e ilusiones que cada Colombiano lleva dentro de su ser.

1.        Rodolfo Figueroa García. Master en Derecho y candidato a doctor, University of Wisconsin-Madison. Profesor de Derecho Constitucional, Universidad Diego Portales. Correo electrónico: rodolfo.figueroa@udp.cl.
2.        Revista Ius et Praxis - año 14 - n° 1: 261-300, 2008 ARTICULOS DE DOCTRINA CONCEPTO DE DERECHO A LA VIDA.
1.                    4.         http://www.colectivodeabogados.org/Hostigamientos-amenazas-contra-la
2.                   5.         utopía  f. Plan ideal de gobierno en que todo está perfectamente determinado. El concepto procede de la obra                 de Tomás Moro Utopía, en la que describe la república de la imaginaria isla de Utopía.
                fig.Plan o sistema ideal, pero irrealizable.

HISTORIA DE UNA NOCHE

Era una tarde soleada con una temperatura alrededor de 35°C, un clima habitual en estos pueblos de la depresión Momposina Colombiana. El Banco es un Municipio ubicado en el extremo más meridional del departamento del Magdalena, además, es un lugar reconocido, pues es de allí donde nace la inspiración hacia un género musical tradicional, insignia de nuestro país, La Cumbia.

Recuerdo con nostalgia aquel viernes 14 de Abril, esa tarde regresaba del recreo a retomar las clases, “una clase para mi muy aburrida por cierto”. De repente en las calles se escuchaba un ruido captando la atención de todos, un Renault 4, se paseaba por las calles dando alguna información. A nosotros los estudiantes nos causó curiosidad este hecho, pues en el pueblo nunca se escuchaba uno de estos aparatos, los vendedores hacían uso de su propia voz para pregonar lo que llevaban en sus carretas o en la ponchera sobre sus cabezas. Inmediatamente corrí hacia los calados de mi salón, me subí a un pupitre para ver de dónde provenía el sonido, cuando escuche el grito de mi profesora ¡Vicente Camargo, bájese de esa silla y vuelva a su puesto!

Seguido a esto, el Coordinador del colegio llegó a la puerta del salón y habló un rato con la profesora afuera, ella entró muy nerviosa y nos dijo: “deben irse a casa y estar con sus padres”. Yo era un joven de 11 años, en ese momento solo sentía felicidad de salir temprano y evitar aquella clase tan incómoda para mí.

Aprovechando la salida temprano de ese viernes, le propuse a mi combo de amigos escaparnos al río antes de irnos a casa, pero cuando abrieron el portón del colegio nos llevamos una enorme sorpresa, los padres estaban desesperados recogiendo a sus hijos y corrían de un lado para otro, cerraban las tiendas, los negocios, y todos se encerraban en sus casas sin cruzar una sola palabra. Yo aún en mi inocencia no entendía nada, Salí a comprar una chicha donde la vieja Josefa, como lo hacía todas las tardes al salir del colegio, esto era como un ritual para mí. Cuando de repente mi madre me toma del brazo y llorando me dice que demos irnos a casa lo más rápido posible. Por un instante sentí como si fuera 31 de diciembre cuando toda la gente del pueblo corre a sus casas a abrazar a su mamá porque faltan cinco pa’ las doce, como lo dice ese viejo vallenato.  

Como mi casa quedaba retirada del colegio, mi madre y yo vimos cómo esa alegría quedo inmersa en medio de un pueblo fantasma, no había gente en las calles, todo estaba cerrado y ni siquiera en el parque estaban los viejos borrachones, quienes prácticamente vivían ahí tomando cualquier cosa para emborracharse. Fue en ese instante cuando entendí la situación, pues mi madre saludo a la señora Marta y le transmitió la información pregonada por el carro viejo que llevaba el megáfono. El ELN (Ejército de Liberación Nacional) se había tomado el pueblo y la orden dada por ellos era un toque de queda. Toda persona encontrada en la calle después de las 8:00pm sería asesinada, y “perdonen si cae algún inocente, pero estamos limpiando el pueblo de las plagas” decían estos con tal descaro.

Por fin llegamos a casa, pero la angustia de mi madre no paraba. Mi papá estaba trabajando en otro pueblo y no llegaba hasta el anochecer, nos encerramos a orar y a pedirle a Dios que cuidará a mi padre y que no pasara nada mientras el no estuviera en casa.

Por fin a las 7:30 de la noche llegó mi viejo a casa, mi madre, mis hermanas y yo quedamos un poco más tranquilos, pero en realidad estaba comenzando una noche terrorífica.

A la 8:00pm quitaron la luz en el pueblo, solo se escuchaban gritos, disparos, golpes y mucho sufrimiento. Ellos tenían un lista en la mano y llegaban casa por casa buscando a unas personas específicas, según ellos porque eran informantes de otro grupo, tumbaban las débiles puertas de las casas, y sin piedad alguna delante de las familias los sacaban a la calle, allí los torturaban, cortaban sus cabezas, brazos en fin… Hasta que finalmente los mataban.

De repente alguien tocaba desesperadamente la puerta del patio, mi tío Ricardo imploraba a gritos dejarlo entrar a casa, mi padre no pudo resistir dejar a su hermano por fuera, y minutos después, cuatro hombres uniformados tumbaron la misma puerta, sacaron a mi tío, y de igual manera a mi padre culpándolo por ayudarlo. De nada valieron los gritos desesperados de mi madre y mis hermanas. Los sacaron a la calle y desde una  ventana observé cómo de un tiro de gracia en la cabeza acabaron con la vida de mi pobre viejo.


Hoy, solo me queda el nefasto recuerdo de una noche marcada por el dolor y  la infelicidad de mi familia, irónicamente aquella materia que tanto me aburría, la veo cada vez que recuerdo ese  momento, o cuando decido contar, como fue la historia.
“LA ESPERANZA ES LO ÚLTIMO QUE SE PIERDE”

Los seres humanos cuando nos encontramos en situaciones difíciles, nos aferramos a nuestras creencias y conmociones. Y es allí donde nace ese sentimiento al que llamamos esperanza. El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (RAE) le da un explícito significado a esta palabra y la define como “Estado del ánimo en el cual se nos presenta como posible lo que deseamos”.

Es común escuchar a las personas hablar de esperanza cuando  atraviesan por  momentos y situaciones en los que anhelan o esperan recibir algún favor. Pero al ver que la satisfacción de los deseos no llega, se aferran a  su confianza y hacen uso del optimismo para obtener la paciencia  mientras la vida presenta la solución a un problema o provee las necesidades.

Para profundizar en el tema tomaremos como referencia el capítulo Niebla del libro de Germán Castro Caycedo, Que la Muerte Espere. Ahí el autor cuenta la historia de Lucia Galeano, una joven Antropóloga quien acompañada por un gran caminante y tres personas más, se fue a recorrer las cumbres de los Andes tropicales de la tierra fría de Colombiana, una vez llegaron a la cima de Pico de Loro e iniciaron el descenso para volver a casa. Lucia y su amigo Ezequiel Moreno desviaron el camino y se perdieron en los bosques de niebla. Una vez perdidos en la selva es cuando Lucia se aferra a la esperanza de llegar a casa. Después de la primera noche en el bosque, inician la incansable búsqueda de un camino que los lleve a donde encuentren otras personas que les puedan brindar ayuda.

A medida que pasa el tiempo, se internan más y más en la selva y Ezequiel va perdiendo las esperanzas al punto que decide quedarse a la orilla del rio, donde finalmente una hipotermia acaba con su vida. Por el contrario Lucia no se da por vencida y cada minuto alimenta sus ilusiones imaginando que en algún momento encontrará alguien que le brinde ayuda. A pesar del cansancio físico, el agotamiento espiritual y las pocas posibilidades de supervivencia, ella no se da por vencida y mantiene viva la ilusión que adelante encontrará la ayuda que desea. Finalmente ella logra hallar quien le tienda la mano y así salvar su vida.

Este es solo uno de los tantos casos en los cuales las personas hacen uso del gran sentimiento de esperar, para apoyar la confianza absoluta y así hacerle frente a diferentes problemas, enfermedades o tiempos difíciles.

Son muchos los escritores, filósofos y pensadores que desde tiempos remotos escriben a favor de la esperanza, para alentar a sus lectores o seguidores, darles tranquilidad y crear conciencia que detrás de cada problema, siempre hay una solución. Por citar un ejemplo, miremos la frase de Aristóteles “La esperanza es el sueño del hombre despierto” o esta del filósofo Alemán Friedrich Nietzsche  “La esperanza es un estimulante vital muy superior a la suerte”.

Cada individuo, es autónomo y libre para decidir en dónde o en quién deposita su creencia y confianza, pues esto en algún momento específico se convertirá en una esperanza de vida. 


“Hay que esperar cuando se está desesperado, y andar cuando se espera”.  Gustave Flaubert  (1821-1880) Escritor francés.
EL DESTIERRO: UN FANTASMA PERMANENTE

Destierro:   Acción y efecto de desterrar o desterrare.
Pena que consiste en expulsar a alguien de un lugar o de un territorio determinado,  para que temporal o perpetuamente resida fuera de él. Pueblo o lugar en que vive el desterrado.  Lugar alejado, remoto o de difícil acceso. RAE

En el capítulo Destierro, Germán Castro Caycedo en su libro “Que la Muerte Espere” nos sumerge nuevamente en una realidad de nuestro país. Él nos cuenta la historia de Alejandro Lara y cómo al ver su sueño frustrado por no poder estudiar derecho, se destierra de un lugar a otro hasta encontrar su felicidad.

 Al igual que Alejandro, en Colombia son muchas las personas que de una u otra manera viven esta situación de destierro, solo que no siempre es una decisión autónoma y hay quienes se ven obligados a dejar su tierra porque no tienen más opción.

A lo largo de este capítulo el autor  nos evidencia que los motivos de Alejandro para dejar la ciudad y radicarse en la selva, no fueron más que la situación de violencia por la que atravesaba la ciudad de Medellín en esos tiempos. 

En la antigüedad el destierro era uno de los peores castigos al que se sometía  a una persona, puesto que se condenaba a vivir una vida errante lejos de los suyos y de su cultura. En la actualidad el destierro puede ser una decisión propia de cada individuo.

La violencia por la que atraviesa el país desde hace 60 años, día a día obliga a miles de personas a dejar su tierra y salir en busca de “seguridad”.  No obstante esto no es considerado como destierro sino como desplazamientos, pero cabe anotar que las situaciones que conllevan a estas acciones, son las mismas.



Hoy las personas no solo se destierran por problemas de violencia, hay quienes se van a otros países a buscar un mejor futuro, para ellos y sus familiares, o quienes simplemente no están de acuerdo con las ideologías políticas, sociales y culturales, y se van a un lugar donde simplemente se les hace fácil adaptarse, o donde ellos creen obtener  la felicidad.