lunes, 9 de diciembre de 2013

“LA ESPERANZA ES LO ÚLTIMO QUE SE PIERDE”

Los seres humanos cuando nos encontramos en situaciones difíciles, nos aferramos a nuestras creencias y conmociones. Y es allí donde nace ese sentimiento al que llamamos esperanza. El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (RAE) le da un explícito significado a esta palabra y la define como “Estado del ánimo en el cual se nos presenta como posible lo que deseamos”.

Es común escuchar a las personas hablar de esperanza cuando  atraviesan por  momentos y situaciones en los que anhelan o esperan recibir algún favor. Pero al ver que la satisfacción de los deseos no llega, se aferran a  su confianza y hacen uso del optimismo para obtener la paciencia  mientras la vida presenta la solución a un problema o provee las necesidades.

Para profundizar en el tema tomaremos como referencia el capítulo Niebla del libro de Germán Castro Caycedo, Que la Muerte Espere. Ahí el autor cuenta la historia de Lucia Galeano, una joven Antropóloga quien acompañada por un gran caminante y tres personas más, se fue a recorrer las cumbres de los Andes tropicales de la tierra fría de Colombiana, una vez llegaron a la cima de Pico de Loro e iniciaron el descenso para volver a casa. Lucia y su amigo Ezequiel Moreno desviaron el camino y se perdieron en los bosques de niebla. Una vez perdidos en la selva es cuando Lucia se aferra a la esperanza de llegar a casa. Después de la primera noche en el bosque, inician la incansable búsqueda de un camino que los lleve a donde encuentren otras personas que les puedan brindar ayuda.

A medida que pasa el tiempo, se internan más y más en la selva y Ezequiel va perdiendo las esperanzas al punto que decide quedarse a la orilla del rio, donde finalmente una hipotermia acaba con su vida. Por el contrario Lucia no se da por vencida y cada minuto alimenta sus ilusiones imaginando que en algún momento encontrará alguien que le brinde ayuda. A pesar del cansancio físico, el agotamiento espiritual y las pocas posibilidades de supervivencia, ella no se da por vencida y mantiene viva la ilusión que adelante encontrará la ayuda que desea. Finalmente ella logra hallar quien le tienda la mano y así salvar su vida.

Este es solo uno de los tantos casos en los cuales las personas hacen uso del gran sentimiento de esperar, para apoyar la confianza absoluta y así hacerle frente a diferentes problemas, enfermedades o tiempos difíciles.

Son muchos los escritores, filósofos y pensadores que desde tiempos remotos escriben a favor de la esperanza, para alentar a sus lectores o seguidores, darles tranquilidad y crear conciencia que detrás de cada problema, siempre hay una solución. Por citar un ejemplo, miremos la frase de Aristóteles “La esperanza es el sueño del hombre despierto” o esta del filósofo Alemán Friedrich Nietzsche  “La esperanza es un estimulante vital muy superior a la suerte”.

Cada individuo, es autónomo y libre para decidir en dónde o en quién deposita su creencia y confianza, pues esto en algún momento específico se convertirá en una esperanza de vida. 


“Hay que esperar cuando se está desesperado, y andar cuando se espera”.  Gustave Flaubert  (1821-1880) Escritor francés.

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