martes, 7 de abril de 2015

LA VIOLENCIA GENERA, UNA VIOLENCIA EVOLUCIONADA

Por. Anuar Alfonso de la Cruz Medrano
En el mundo actual en el que crecen y se desarrollan nuestras generaciones, existen múltiples formas de violencia, hoy por hoy las personas se agreden y violentan recíprocamente sin tener un mínimo cuidado con las consecuencias de esta misma, existen inclusos naciones enteras donde sus habitantes aprenden a vivir en medio de las guerras, las muertes, las vulneraciones a sus derechos y en general maltratos de toda índole, donde cada vez buscan argumentos más fuertes para tener una razón mayor para agredirse entre sí.

Uno de los temores a los que se enfrenta la sociedad actual es a la violencia intrafamiliar la cual se produce cuando los miembros de una familia se maltratan entre ellos, o cuando dentro de ellos existe un agresor que comparta o de alguna manera haya compartido el mismo domicilio, generalmente este tipo de violencia no es denunciada, pues el violentador somete a sus víctimas y les hace creer que en la familia él tiene  la potestad absoluta para maltratar y hacer respetar sus decisiones y acciones.

La violencia intrafamiliar es un modelo de conductas aprendidas esto es, que el maltratador en algún momento puntual de su vida aprendió a maltratar, bien sea porque fue maltratado antes o convivió con maltratadores; comportamientos coercitivos cuando son víctimas de represiones y luego estas se hacen manifiestas por medio de abuso físico, amenaza de abuso, violaciones y maltrato de toda índole. También puede incluir abuso psicológico repetido, ataque sexual, aislamiento social progresivo, castigo, intimidación y/o coerción económica.

Hay autores que señalan que la violencia Intrafamiliar se da básicamente por tres factores; uno de ellos es la falta de control de impulsos, la carencia afectiva y la incapacidad para resolver problemas adecuadamente; y además en algunas personas podrían aparecer variables de abuso de alcohol y drogas.

La dinámica familiar violenta se encubre en confusas temporalidades que entrelazan los hechos destructivos con expresiones de afecto, promesas de cambio, solicitudes de perdón y olvido o como  desplazamiento de la culpa en la victima.

Cuando se habla de la violencia familiar, se producen varias escenas. Por una parte, el asombro y el señalamiento del quiebre de los valores morales; situación  que expresa un contenido de orden ideológico y emocional con un señalamiento de exterioridad “son los otros, aquellos pobres o que no tienen educación”. Por la otra, el reclamo de la atención del Estado con programas asistenciales, preventivos y de promoción que indican el matiz institucional y político de esta problemática. Y finalmente, la propuesta de mirar que la violencia familiar  no son hechos eventuales o coyunturales sino que responden a los procesos estructurales, estructurantes y coyunturales  de un orden social y familiar centrado en relaciones de poder y dominación que marcan o impiden el desarrollo de una formación humana integral y digna.

La violencia intrafamiliar posee unas características puntuales entre las cuales encontramos el castigo, violación y maltrato físico, muchas veces todas estas formas de violencia van ligadas unas de la otra dejando como consecuencias la falta de control de impulsos, la carencia afectiva, incapacidad para resolver problemas y  resentimiento social, otras de la característica importantes de esta violencia son la manipulación psicológica y el maltrato, estas dejando unas huellas claras y cambios en la directos actitud de los maltratados entre los que se encuentran: aislamiento social, padres o adultos maltratadores, embarazos no deseados, adicción a las drogas y sentimientos de venganza.
Para que mejoren los índices de violencia intrafamiliar es determinante construir en los espacios cotidianos de la familia nuevas alternativas  de convivencia, que le permitan a cada uno de sus miembros reconocer al otro como su interlocutor  y merecedor del reconocimiento a sus condiciones, habilidades y limitaciones no desde la carencia y desde el asistencialismo,  porque de lo contrario estaríamos condenados  a  repetir modelos  de intervención social que han demostrado tener  poco  impacto en la sociedad.

Además, los procesos educativos adelantados con la familia deben  partir de identificar   en las  personas  las razones para creer que es la violencia la única forma de enseñar y prevenir los comportamientos que a juicio del adulto,  no son apropiados para el medio donde se desenvuelve.


Por consiguiente los mensajes entregados a la familia  como  nuevos aprendizajes aluden  a la importancia de su función formadora, a nuevas  maneras de establecer el vínculo afectivo y  de relacionarse  entre sus miembros.